El padre taxista al que le rompieron la entrada de su hijo frente a la puerta VIP

Chapter 1: La camiseta vieja bajo las luces del estadio

—¿Sí nos van a dejar entrar por esa puerta, papá?

Juan no señaló el estadio completo. Señaló una entrada específica: la que brillaba con cristales altos, luces blancas y una fila corta donde la gente caminaba sin empujarse, como si ya perteneciera al lugar antes de cruzarlo.

Pedro Ramírez apretó el volante de su taxi detenido junto a la banqueta y miró por el parabrisas. El estadio de Monterrey rugía desde afuera. Camisetas limpias, vasos de refresco, banderas, vendedores, patrullas, familias enteras tomándose fotos frente a las letras enormes del club. Y más allá, junto a una reja metálica, la puerta VIP parecía otro mundo.

—Claro que nos van a dejar —dijo Pedro.

Lo dijo demasiado rápido.

Juan, sentado en el asiento del copiloto, bajó la mirada a su camiseta vieja. Era de un azul desgastado, con el cuello algo flojo y una mancha tenue cerca del costado que nunca había salido del todo. Para cualquier otra persona era una camiseta vieja. Para Juan era la camiseta con la que había escuchado finales enteras en el taxi de su padre, sentado en una caja de refrescos cuando Pedro no tenía con quién dejarlo, celebrando goles narrados por una radio que a veces perdía señal bajo los puentes.

—Se ve bien, ¿verdad? —preguntó el niño, estirándola con ambas manos.

Pedro apagó el motor. El taxi tosió antes de quedarse quieto.

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