Cuando el gerente pisó la foto de su hijo, la limpiadora abrió el respaldo que lo destruyó

Chapter 1: El reloj perdido en la suite más cara

El grito salió de la suite presidencial antes de que Francisca López pudiera cerrar del todo el carrito de limpieza.

—¡Mi reloj! ¡Mi reloj no está!

La voz del huésped VIP rebotó por el pasillo alfombrado del último piso, donde normalmente solo se oían ruedas suaves, llaves magnéticas y frases dichas en voz baja. Dos camareras se quedaron inmóviles junto al ascensor de servicio. Un botones, que llevaba una bandeja con sobres sellados, bajó la mirada como si la acusación ya estuviera buscando a alguien.

Francisca apretó el freno del carrito con la punta del zapato.

Había terminado de doblar las toallas de la habitación contigua. Tenía aún las manos húmedas de desinfectante y el uniforme gris claro sin una arruga, como siempre. En el bolsillo llevaba el pequeño cuaderno donde anotaba las habitaciones hechas, las que faltaban, las que pedían almohadas extra, las que dejaban vasos rotos detrás de las cortinas. En el bolso de tela, guardado en el armario de servicio, estaban sus llaves, unas monedas, un pañuelo y la foto gastada de Mateo que llevaba desde que él entró a trabajar en seguridad técnica.

El huésped salió al pasillo con la camisa sin abrochar y la cara roja.

—Nadie sale de este piso —dijo, señalando a todos sin mirar realmente a nadie—. Ese reloj estaba en la mesa hace diez minutos.

La supervisora de turno intentó calmarlo con una sonrisa rígida.

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